Rumbo hacía la primavera: tardes de barbacoa, mercadillos callejeros con personalidad y los únicos Caminos de Ronda.

En estos días le hemos dado la bienvenida a la primavera; nosotros hemos querido recibirla con unos planes donde la naturaleza, que entra ahora en su esplendor, ha sido la protagonista y el buen tiempo nuestro principal aliado. Ya teníamos sed de sol.  

Comenzamos renovando nuestra jardín, al que cariñosamente llamamos “nuestro minifundio”. Sustituimos nuestro preciado gran cactus, que no había soportado el rudo invierno y acabo en una triste bolsa de basura en el contenedor, por una camelia. Las camelias tienen un origen asiático y son símbolo del romanticismo y la sensualidad. Sus flores son espectaculares, una pena que carezcan de olor. Aunque su aspecto tiene ya un aroma dulzón y afrutado. Mi nariz siempre acaba frustrada por no poderlo detectar. 

Coloreamos la entrada con unas vistosas flores que rebosan alegría. y plantamos nuestro único árbol del jardín trasero: un pequeño mandarino. Me sedujeron sus flores blancas con su olor a azahar. Me pierde el olor a azahar. Soy una fanática de los olores. Recuerdo muchas cosas a través de las fragancias y el aroma a azahar me transporta a mi tierra y a mi infancia.Tener el mandarino es como tener un trocito de Andalucía en casa. Además teníamos otro motivo para incluir al mandarino en nuestra “pandilla”, que por si aún no lo sabéis está constituida por Gerai, Adam Guaguis, todos nuestras plantas y objetos preciados y yo; este segundo motivo es que a Gerai le pierden las mandarinas. Será toda una experiencia para él comérselas recién recogidas del árbol. Será el regalo que nos conceda el mandarino a cambio de nuestros mimos y cuidados. 

También colocamos al nuevo rey del jardín: el conjunto Fiji: una cama redonda con capota y repleta de mullidos cojines. Tumbarse ahí es una auténtica maravilla. Relax en vena. Para nosotros constituía todo un objeto de deseo y finalmente se lo han regalado a Gerai por su cumpleaños. Lo podréis encontrar en vadecompras.com.  












Para estrenar nuestro mejorado “minifundio” invitamos a una pareja amiga; todo un “must” en el armario amistoso. Y decidimos organizar una barbacoa. Nuestra primera barbacoa. Gerai fue el encargado de pelearse con las brasas; las dominó a la perfección. Paciencia, maestría y un cucharón enorme de CARIÑO. El banquete estuvo compuesto por carne, marisco y verduras. La carne la compramos en la carnicería de la plaza del pueblo de toda la vida. De estos establecimientos abiertos desde 1876,77,89,95… Y eso se nota en el sabor. Más auténtico. Butifarras que saben a butifarras. La barbacoa es la excusa perfecta para disfrutar del aire puro. Tras la comida pasamos la tarde jugando al Trivial. Un gran juego para evaluarse a uno mismo. Yo cada vez que juego al Trivial soy consciente de lo ignorante que soy. Y acabo con unas tremendas ganas de seguir aprendiendo. 

Al día siguiente decidimos ir al Palo Alto Market, un mercado en Barcelona, callejero y sofisticado, basado en el concepto del street market popular, pero innovador y alternativo. Esta ubicado en una antigua fábrica rehabilitad en el Poblenou. Una verdadera isla urbana que constituye todo un oasis en medio de la ciudad por su paisaje espectacular, repleto de vegetación. Donde entre cerveza, tapitas y buena música te paseas por divertidas paradas en las que se exhibe y se vende arte, nuevo diseño, moda y decoración vintage, hand-made, street food y espectáculos de calle. Un compendió para disfrutar con los cinco sentidos.
Eso si, aviso a navegantes! La cola era enorme. Parece que siempre suele haber esa cola gigante para entrar. En su página web ofrecen la posibilidad de comprar las entradas anticipadas con la app Zapper  y las primeras 1000 personas entran sin cola. Otro inconveniente es que hay demasiada gente dentro, con las incomodidades que esto conlleva, como la dificultad para entrar algún hueco para comer, o esperar unos 10 minutos para comprar una bebida Tiene la ventaja de que admiten perros. Nosotros lo pasamos muy bien. Curioseamos y adquirimos alguna nueva prenda para nuestros armarios. 






Por la tarde hicimos unos deliciosos flamenquines. El flamenquín es una de los platos estrella de la gastronomía cordobesa que consiste en un rulo de lomo de cerdo con jamón serrano y queso rebozados. Nosotros los versionamos y le añadimos al relleno aceitunas y pimiento rojo asado. Y optamos por el lomo adobado que le aporta intensidad y gracia al sabor. Además los aderezamos con bastante limón. 



Después nos decantamos por una ¨pelicena” un ritual ya sagrado para nosotros, un remake de la ya más que típica cenita y película. Donde los principales actores fueron los ya mencionados flamenquines acompañados por unos pimientos fritos y una película de François Ozon, títulada En la Casa. Una película, sin duda, muy especial. Un caramelo para el cerebro. Nada conmovedora, ni sensiblera. Se constituye como una clase magistral de teoría y técnica literarias, sin ser tediosa. Introduce al espectador en un laboratorio audiovisual de escritura. Te sientes como un espía dentro de la intimidad de los personajes. Totalmente recomendable. 

El domingo nos decantamos por un Paseo de Ronda, una de nuestras excursiones favoritas en época estival. Solemos aprovechar cualquier día libre para perdernos por esos senderos agrestes junto al mar, inconcebibles a una distancia tan corta de la civilización y el bullicio. 
El Camí de Ronda es una ruta costera que bordea el litoral escarpado de la Costa Brava, gran parte de la senda coincide con el GR92.  Su origen es incierto aunque transmite la sensación de tratarse de un camino milenario, que comunica los pueblos de la costa desde épocas remotas. Donde arribarían pescadores varados en las rocas en días de mar embravecido, desde donde el vigía avistaría los barcos piratas,donde se internarían aventureros, se guarecerían enamorados e huirían malhechores…




Lo que si es cierto es que el nombre de Camino de Ronda se popularizó en torno a los siglos XIX y XX, ya que era el sendero que utilizaban los carabineros y la guardia civil para realizar la ronda de control de actividades ilegales de contrabando y estraperlo que tenían lugar en la costa. 
Hoy día, los diferentes caminos de ronda hacen las delicias de los caminantes idealistas, cazadores de paisajes, amantes de la naturaleza y enamorados del mar.  Cumpliendo las expectativas de todo aquel que busque un turismo de playa muy diferente al masificado de paseos marítimos llenos de humo y rascacielos de los años 70.  Y es que es un verdadero lujo, poder pasear donde, el agreste monte se funde en un abrazo con el mar. 

Nosotros el año pasado hicimos varios tramos, cada uno con su peculiaridad, y quedamos fascinados. Y esta primavera y verano, estamos decididos a seguir descubriendo fabulosas calas recónditas y nuevas panorámicas embelesadoras.


El domingo nos dispusimos a hacer el recorrido entre Tamariu y Cala Pedrosa. Es un trecho corto, con una distancia de unos 2km, pero de dificultad media. Hay que trepar por pequeños desniveles rocosos, andar por pendientes resbaladizas y caminar pegados a acantilados sin ningún tipo de quitamiedos. Paisajísticamente, como casi todos los demás, merece mucho la pena; pero no es es el mejor. Sobretodo porque está muy transitado y la gente irrumpe la paz y contamina la innegable belleza del lugar. Nosotros no escogimos el mejor día, ya que hacía mucho viento, lo que hacía el trayecto muy desagradable. Para que esto no ocurra es recomendable cerciorarse antes de que hará buen tiempo el día elegido para la excursión. Además de los típicos consejos de calzado cómodo, protección solar, comida y agua… yo recomiendo llevar una cerveza fresquita para detenerse a contemplar la inmensidad del mar.





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