Escapada a Andorra. Paisaje, deporte, gastronomía y relax.

El domingo pasado salíamos a las 7 de la mañana de casa hacía Andorra, preparados para disfrutar de dos días en la montaña aislados del mundo y poder practicar algunos de nuestros hobbies y sobretodo relajarnos y concedernos algún capricho gastronómico. 

Para esto elegimos el hotel Grau Roig, un hotel boutique y spa, situado en el sector del mismo nombre en la estación de Grandvalira. La ubicación del mismo no puede ser mejor si vas a practicar deportes de nieve, ya que está situado justo a pie de pista. Pero si lo seleccionamos fue sobretodo por el confort de sus instalaciones, por ofrecer servicios de spa y por su magnífica oferta culinaria.  Y ciertamente y en lineas generales no nos defraudo. 

Optamos por hacer noche de domingo a lunes por la gran diferencia de precio entre noche de día laboral y de noche de fin de semana. Además de que a partir del domingo a mediodía la afluencia de gente es mucho menor y eso te permite saborear una mejor calidad en los servicios y gozar de una mayor tranquilidad en las pistas. 

Llegamos sobre las 10.30 de la mañana. De modo que pudimos aprovechar las horas que quedaban hasta la hora de la comida. Gerai estuvo haciendo snow y yo aproveché para deleitarme con una sesión de relax en el spa. El espacio de los baños es realmente acogedor; luz tenue, decoración cuidada, música agradable, infusiones a libre disposición, cómodas tumbonas, acertada oferta de libros y revistas para leer allí. Pero si algo me cautivó fue el exquisito servicio, el señor que atendía era verdaderamente atento y servicial e intentaba dar respuesta con la mayor diligencia a cualquier requerimiento del cliente. Yo no me decidí por ningún tratamiento pero tenían una carta con una lista medianamente completa pero no muy diversa, entre los que destacaban masajes especializados y algún tratamiento facial. 

Empleé las dos horas y media que estuve allí a intercalar jacuzzi, piscina, baño turco y ratitos de lectura de uno de lo libros que te invitaban a leer, titulado El cerebro femenino; una obra de carácter divulgativo de la neuropsiquiatra Louann Brizendine. Una lectura fácil y amena perfecta para acompañar un rato de distensión, en la cual encontré datos tan curiosos como los cambios hormonales que también sufren los hombres durante el embarazo o que todos los cerebros nacen como femeninos.   Todo esto lo aliñé con unas reconfortantes tazas de té verde con menta y algún vaso de roiboo, una gran desconocida en el mundo de las plantas medicinales. Es procedente de Sudáfrica y también conocida como té rooibos, aunque realmente no es té y no tiene cafeína. Entre otras muchas propiedades, funciona como antihistamínico y equilibrante del sistema nervioso por su alto contenido en magnesio. 
Infusiones en el spa



Como inconveniente del spa, mencionar que el lugar es de dimensiones muy reducidas y dispone de escaso número de mobiliario de descanso en relación con la capacidad del hotel. Yo tuve suerte, ya que al ir por la mañana la mayoría de los huéspedes estaban esquiando y estuve casi todo el tiempo sóla, pero a horas puntas debe ser misión imposible encontrar una tumbona libre o nadar en la piscina, ya que ésta también es muy pequeña.   

Al mediodía nos reunimos para comer en el restaurante que el hotel abre para el almuerzo; La Vaquería. Un lugar con unas vistas asombrosas, en el que se contemplan unas maravillosas vistas a la montaña y a las pistas. Además cuenta con una terraza fabulosa para beneficiarse de los rayos del sol. 

Nos decantamos por un gratinado de camembert con patata y trufa para compartir, que fue todo un acierto, y un plato principal para cada uno; yo, salmón que aunque era correcto no tenia demasiada gracia y Gerai pidió un plato de pasta con langostinos, níscalos y espárragos verdes aceptable pero tampoco como para tirar cohetes. De postre nos animamos a compartir de nuevo y escogimos un helado de gin tónic con frutos del bosque, una propuesta original que te hacía sentir la auténtica sensación de estar comiéndote un gin tónic. 

Por la tarde Gerai volvió a las pistas y yo me confiné a nuestro dormitorio para pasar una tarde de lectura de la novela Inmersión, aprovechando la comodidad de la estancia. Nuestra habitación era una Romántica, situada en el ático, con techos abuhardillados en madera que la hacían muy acogedora y vistas inmejorables, pude ver a Gerai descendiendo con la tabla desde la ventana! La
decoración y el  mobiliario destacaban por su elegancia y confortabilidad, basada en tonos neutros y en la  combinación de materiales y estilo tradicionales y contemporáneos. Los espacios muy amplios. Colchón enorme y de alta calidad. Armarios holgados. Amenities de Bulgari. Toallas suaves y esponjosas. Y máxima pulcritud. El sistema de iluminación también estaba muy bien pensado con una programación diferente para crear distintos ambientes. Aunque lo más llamativo era una deliciosa bañera tonel en madera con panorámicas de la sierra que haría las delicias de lo más sibaritas.



Vistas desde la habitación 

Bañera de la habitación 

Cenamos en el restaurante La Marmita también dentro de las instalaciones del hotel y salimos algo decepcionados por la calidad de su comida y especialmente por la deficiente atención del servicio. Yo pedí un tartar de gambas, aguacate y champiñones con helado de albahaca y lima, bastante insípido y con un tacto en la boca gelatinoso y no demasiado agradable en la boca. Gerai acertó en una apuesta segura con una butifarra con verduritas, pero no era más que eso, una buena butifarra. Pero como decía anteriormente el mayor desencanto fue el servicio; no tuvieron en cuenta nuestras preferencias con respecto a la comida, se equivocaron con lo pedido, tardaron mucho, tuvimos que pedir de nuevo la bebida y algún camarero respondió de forma antipática. 

A la mañana siguiente desayunamos en la habitación. Como punto muy positivo ofrecen la posibilidad de servir el desayuno incluido, en el dormitorio en lugar de en el buffet. Para tal fin, dejan una carta de desayuno colgada en la puerta para que la rellenes con lo que quieras y escribas a la hora que prefieres que te lo suban, posteriormente se deja colgada en el pomo de la puerta por la parte de fuera y de madrugada la recogen. La idea, de entrada,nos pareció genial, un servicio extra muy interesante. Pero en la práctica, no estuvo a la altura: no nos trajeron algunos de los productos que habíamos solicitado y tuvimos que llamar porque la hora acordada había pasado y aún no teníamos el desayuno. 

Esa jornada la dedicamos a rodearnos de la naturaleza practicando algunos deportes de aventura con la empresa Roc Roi, con sede justo al lado del hotel. 
Nos divertimos mucho en una excursión con raquetas de nieve. Más tarde nos atrevimos con un adrenalínica ruta en moto de nieve, todo un placer sentir como el aire puro golpea tu cara! Y para poner la guinda nos destensamos con el tubbing, actividad consistente en deslizarse con grandes neumáticos por la nieve. Se alcanza una gran velocidad y sufrimos algún altercado de choque que nos arrancó unas risas!


Sobre las 13.30 estábamos emprendiendo el regreso, con muy buen sabor de boca y la impresión de haber aprovechado a fondo el poco tiempo que duró nuestra estancia! Nos sentíamos con las pilas cargadas y la energía renovada para afrontar la semana. 

Nos quedamos con las ganas de vivir la experiencia gastronómica de la joya de la corona de la oferta culinaria del hotel, el restaurante El Teatro del Vino, un lugar dedicado a homenajear a los mejores y más raros caldos a través del maridaje con su selecto menú degustación. En un ambiente de diseño exclusivo. Pero ya nos salía de presupuesto y así tenemos la excusa perfecta para volver

Una escapada ideal para disfrutar de algunos lujos sin gastar demasiado…Y es que preferíamos permitirnos algunos caprichos aunque sólo sea una noche que estar toda una semana pero en peores condiciones!  

Pilar

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