Regalando Barcelona en dosís: Museo de la moto, una ruta para no recordar y un maridaje con acento francés.

Este año decidimos hacerle un regalo especial a Joana por su cumpleaños. Joana es la madre de Gerai, a la que prefiero no llamar suegra. Y es que si la calificará como SUEGRA me daría la sensación de que estoy hablando de otra persona muy ajena a ella. Las suegras tienen muy mala prensa. Y Joana no se corresponde con la caricatura archiconocida y grotesca de suegra; personaje cruel, entrometido, cotilla… Lo curioso es que a Gerai tampoco suele denominar a mi madre como suegra. Y es que mi madre (y no porque sea mi madre) también se encuentra a años luz del papel de bruja mala que desempeña la suegra en el ideario colectivo. Si es que éste existe, que tengo mis serias dudas. Pero en fin, nosotros nos sentimos realmente muy afortunados por tener las suegras que tenemos. El tema es que decidimos obsequiarla con un plan en Barcelona sorpresa, en el que incluimos una parte especialmente diseñada para Xavier, el padre de Gerai (y al que tampoco llamo suegro) ya que le debíamos también el regalo de su cumpleaños. Nosotros,con la excusa de la sorpresa, nos autoinvitamos, de modo, que para no engañarnos, el regalo fue también para nosotros. 

El sábado a mediodía los recogimos en su casa rumbo hacía el Barrio Gótico, donde nos esperaba nuestra primera parada del día… EL MUSEO DE LA MOTO! Xavier es un apasionado de las motos y pensamos que éste sería un plan perfecto para sorprenderlo. El museo esta estratégicamente ubicado en el centro turístico de la ciudad, en una callejuela en la que lo que menos te esperas es encontrarte un museo dedicado al motociclismo. 

Nada más entrar, el espacio ya te seduce con un halo de misterio encantador. Y es que ocupa los bajos de Sant Felip Neri, antiguo convento situado en una de las plazas más emblemáticas de la ciudad y con un karma muy especial. El recinto que ocupa el museo ha sido rehabilitado conservando los elementos arquitectónicos, por lo que el edificio ha conservado la esencia.

El museo alberga una colección permanente dedicada a la historia de la moto en Cataluña y a los pioneros que pusieron las bases de una de las más destacadas industrias de la tierra, engendrando una férrea afición. También ofrece exposiciones temporales que nos descubren el mundo de la moto desde diferentes ópticas. 

A mi, que no tengo ni idea de motos, me pareció atractivo y curioso. Me sirvió para hacerme una idea de éste mundillo con la pincelada que nos muestra, que resulta lo suficientemente completa sin llegar a ser pesada. 

Acompañan al recorrido unos acertados paneles informativos que dotan de la información justa y necesaria para aprovechar la visita. El ambiente agradable, aunque se hacía notar la ausencia de música, para mí siempre una imprescindible. Dispone de visitas guiadas concertadas, aunque nosotros no pudimos disfrutarla porque el guía estaba ocupado ese día. En la entrada hay una tienda con algún artículo singular.

 En conclusión: un templo del motociclismo necesario en Barcelona, la ciudad con más motos por habitante de Europa. Y lo más importante creemos que Xavier, el protagonista, pasó un rato estupendo!

Tras esta sumersión entre motocicletas emprendimos el camino hacía nuestra siguiente experiencia…Una ruta guiada por la ciudad que nos arrastraría en un viaje hacía la Barcelona insólita y secreta! 

O al menos eso decía el título, porque lo que a mi me pareció insólito fue la mediocridad de la actividad. Gerai y yo somos aficionados a este tipo de rutas, ya que encontramos en ellas una forma diferente de pasear, descubrir rincones escondidos, recabar datos curiosos y aprender del tema en el cual se enfoque, percibiendo la ciudad desde otra perspectiva. Lo frecuente es que quedemos satisfechos o incluso entusiasmados. Pero ésta ganó el premio a la peor pesadilla de las rutas por Barcelona.

 El tema prometía: Hermetismo, masonería, vírgenes negras, brujería y además decía brindar información exclusiva a los clientes y un circuito alejado de lo tradicional. Todo un pack perfecto con el que deleitar los sentidos y regar el cerebro de nuestros homenajeados. Pero nos salió el tiro por la culata. Encontramos pedantería. Información, fácilmente accesible en cualquier guía de misterio, narrada como si fuera una primicia única. Inconexa. Carente de hilo conductor. Eso sí, nos quedó grabado en la memoria el nombre del libro que acababa de publicar el guía y la dirección de su blog, porque lo repitió hasta la saciedad. En la descripción advertía que la actividad no era recomendable para personas de ideología religiosa, detalle que me resultó curioso. Cuando escuché su primer discurso entendí perfectamente el motivo, y es que lejos de cualquier tipo de imparcialidad y sin ningún remilgo él decretaba quienes eran los justos y quienes eran los pecadores. Objetividad 0. Mi boca se abría continuamente. Simplemente soporífero.

Pero cerrando éste capitulo, que no nos ensombreció la tarde y que nuestros sorprendidos, a pesar de todo, agradecieron,  conducimos dispuestos a ponerle el broche final a la jornada hasta la calle Aribau. Allí nos aguardaba impaciente el restaurante Baribau y su tentadora y nada típica propuesta: un menú degustación maridado con suculentos cocktails. Consistente en:


Mini blinis con crema agria y huevas de aranque 
Maridado con un shot de VODKA BELVEDERE infusionado con limón. Este cóctel es un ya casi un “must” y que nos permite limpiar el paladar antes de degustar cualquier manjar. Infusionado con limón le aporta un toque cítrico muy agradable en boca. 

Salmón marinado con salsa ponzu, maracuyá y aceite de vainilla 
Tataki de atún con salsa miso blanco con juliana de alga nori
Maridado con un cóctel de notas cítricas, el PISCO SOUR. Originario de América del Sur, este cóctel se elabora con zumo de limón y Pisco, un tipo de aguardiente elaborado a partir del vino fermentado de ciertas uvas típicas de la zona. 

Crujiente de pato con salsa de mango
Mc Nebraska con cebolla caramelizada, jugo trufado y mayonesa de pepino 

Maridado con GODFATHER. Este cóctel clásico está compuesto principalmente por whisky escocés para aportar notas de ahumado en boca con un toque de almendras amargas. Perfecto para la degustación de carnes y aves. 

Trufas de chocolate sobre arena de pasta sablé 
Maridado con WHITE RUSSIAN. Y para cerrar la degustación nada mejor que este famoso cóctel elaborado 
con licor de café y nata que acompañará a las trufas de chocolate como broche final de la velada.


La verdad es que quedamos encantados. Todo fue tal y como habíamos imaginado. El local agradable, con un estilo depurado en ese ya manido contemporáneo minimalista de blanco impoluto. La atención exquisita, muy pendientes de nuestras necesidades. Un camarero con acento francés, que me hizo pensar que lo habían seleccionado como personal especialmente por su marcado acento francés que dota al menú de una artificiosa sofisticación extra, nos hacía una breve introducción a cada plato con su correspondiente cocktail. Introducción que a mi me encanta y que provoca una gran admiración en el comensal, aunque te esté describiendo un manjar consiente en unos huevos fritos con chorizo de toda la vida. Yo dejo que me cause la admiración pertinente. De este modo el lujo es barato.

La comida en general muy buena. Causaron especial sensación la hamburguesa Mc Nebraska y los blinis de huevas de arenque. Entre las bebidas espirituosas sobresalió el PISCO SOUR y en última posición quedó el WHITE RUSSIAN, aunque como dice el refrán: En gustos no hay nada escrito. 

Después…Carretera y manta y unas pistas más sobre qué hacer en Barcelona, y especialmente sobre qué no hacer. 

Pilar 



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